¿Cómo reproducir la lonicera de Kamchatka?

Reproducir la lonicera Kamchatkiana  es muy fácil con la técnica del acodo en montículo, para ello solo se requiere algo de tierra y paciencia y al cabo de unos meses se multiplican fácilmente el número de plantas disponibles.

Para conseguirlo debemos tener en cuenta  los siguientes pasos:

  1. Lo primero que debemos tener presente es que la planta que queremos reproducir tenga ramas suficientes donde desarrollar las raíces, y que se puedan quitar de la planta sin que esta se debilite.
  2. Hay que tener en cuenta que este procedimiento requiere de que las plantas estén en periodo de crecimiento, por ello no se debe realizar mientas no se  eleven las temperaturas, ya en la primavera.
  3. Elegidas las ramas vamos a raspar ligeramente la corteza de las mismas, en la zona donde deseamos que se desarrollen las raíces. Las ramas que queremos conservar no se deben raspar, así emitirán menos raicillas.
  4. Se puede aplicar algún tipo de hormona, para estimular el proceso, pero sino se tienen prisa, se puede alcanzar lo mismo sin su uso, de forma natural a lo largo del año.

    Planta antes de retirar los acodos

  5. Cubrimos las ramas raspadas con tierra, creando un montículo sobre ellas. En nuestro caso para evitar que los cuervos nos desmonten el montículo (gustan de escarbar para buscar bichos) hemos empleado una sección de una garrafa del agua de 5 litros, para mantener la tierra cerca de las raíces.
  6. Una vez que ha pasado el verano,  tras la caída de la hoja,a lo largo del otoño o como en nuestro caso al final del invierno, se corta el envase y desentierran  las ramas  con cuidado. Hay que ir separando las raíces y cortando por debajo de ellas.

    Separando raíces

  7. La rama enraizada se coloca en el lugar donde se quiera tener la planta nueva. Hay que abonar y regar de forma adecuada a las necesidades de la nueva planta

Este procedimiento lo hemos aplicado con La lonicera Kamchatkiana  Blue Velvet, y con la Indigo Gem.  Los resultados han sido buenos. Como hemos aumentado las variedades que tenemos posiblemente lo apliquemos con el resto de ellas.©

Planta recién trasplantada

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Visita al Huerto en la semana séptima

En esta semana las temperaturas se han elevado excesivamente por encima de la media. No es que no resulte agradable estar al sol en estos magníficos días, pero  resulta excesivo para las plantas que de forma progresiva se están colocando en la posición de florecer, sobre todo los que parecen estar más adelantados son: almendros y albaricoques.

En relación con la humedad, ahora la tierra ya está comenzando a estar seca, ya se levanta polvo al arar, lo que no es buena señal, dado que las semillas necesitan esa humedad para germinar.©

Visita al huerto en la semana 7.1

Visita al huerto en la semana 7.2

Visita al huerto en la semana 7.3

Visita al huerto en la semana 7.4

Visita al huerto en la semana 7.5

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Visita al huerto en la semana 7.13

Visita al huerto en la semana 7.14

Visita al huerto en la semana 7.15

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Visita al huerto en la semana 7.17

Nuestra receta de Bocashi

Montón tapado al finalizar el proceso

Como ya hemos comentado  vamos a realizar nuestra propia receta de bocashi. El bocashi es un tipo de abono  que se fermenta, no se pudre, para ello es necesario el uso de microorganismos del suelo y de levaduras, que  a través de este  proceso  se estabilizan en el abono y  posteriormente enriquecen el suelo, ayudando a la nutrición de las plantas y al control de microorganismos patógenos que pudiera haber en él.

Cada bocashi es algo único, que cada agricultor realiza con los medios que tienen disponibles a su alcance. Las cantidades varían, en función de lo que hay disponible y pero  en cada bocashi hay una serie de componentes que  pueden formar parte de la mezcla, aunque no es necesario que estén todos. Se pueden usar:

abono fresco

Abono de origen animal, preferiblemente de gallinaza, pero se puede emplear cualquier otro. En nuestro caso es una mezcla de gallina y de conejo, los  que tenemos disponibles a nuestro alcance.

Microorganismos de montaña de los que ya os he hablado en la entrada anterior. Tienen la misión de colonizar primero el abono y más adelante  los terrenos de aquellos microorganismos naturales que enriquecen con su labor el suelo y ayudan al desarrollo de las plantas.

Tierra común, preferiblemente arcillosa,  ayuda a equilibrar la humedad del abono, crea el medio propicio para el desarrollo de la actividad microbiana,  aporta al suelo  textura y permite una mayor interacción entre  el resto de elementos empleados en la mezcla.

verduras troceadas

Carbón vegetal, en nuestro caso hemos usado biochar,  como una esponja viva cargada de microorganismos que le hemos aportado desde el humus y otros extractos naturales fermentados. El carbón ayuda en la textura del suelo y  en la regulación de la humedad.

Levadura de panadero, que  aporta las  levaduras que ayudan en el proceso. Son ellas las responsables del olor de fermentación que acompaña la elaboración de este abono.

Restos vegetales secos

Melaza. Dado que este año no había de esta disponible decidimos emplear todas esas mermeladas que quedan en la parte  final del estante de la despensa y que tienen ya cierta antigüedad, o por olvido o por que hay otras que se prefieren. Los azúcares alimentan con su energía la actividad microbiana.

Compost de restos de leguminosas

Salvado de trigo.  Suele  emplearse el de arroz, pero cuando no lo hay este también es válido. Es un elemento que ayuda en el proceso de fermentación, alimentando a los microorganismos presentes en la mezcla y enriqueciendo el abono con nutrientes complejos.

Carbonato de calcio, que regula la acidez de la mezcla, preparando las condiciones para que haya una buena actividad microbiológica durante todo el proceso de la fermentación.

Restos vegetales,  tanto en fresco como en seco. De los primeros restos de calabacines que se habían conservado hasta ahora (que se han troceado añadiéndolos a la mezcla),  de los segundos: materiales semidescompuestos que ya estaban en el montón del compost.

Se crean diferentes capas

Se empezó preparando un cubo de agua con las mermeladas disueltas en ella a la que se añadió la levadura fresca y se  mezcló todo bien.  A continuación se fueron colocando los materiales en capas. procurando que el abono fresco que es el motor  de arranque de esta mezcla quedara repartido en diferentes capas.  Al finalizar las capas se echó el agua por encima con las levaduras ya activadas, repartiendo lo más homogéneamente posible y rematando  todo con una capa de tierra.

El agua debe ser ajustada, pues el proceso requiere la presencia de oxígeno y en exceso   ahoga la mezcla y genera pudriciones. En escasez dificulta la fermentación.

Cavando las primeras vueltas

Se debe procurar que la mezcla  se remueva con frecuencia, pero  en mi caso no vamos tan a menudo al huerto, por ello procuramos voltearla cada vez que pasamos por allí.

Se debe tapar y  colocar en un entorno controlado, pero en nuestro caso eso tampoco es posible, por ello lo que hemos hecho es cubrir el montón con un plástico para que quede a salvo de las lluvias, si llegase a haberlas.  Por otro lado al estar al exterior su evolución con el descenso de la temperatura en la noche hará que el  proceso vaya más lento, aunque quizá durante el día el plástico caliente la mezcla. Estaremos pendiente de ella y os contaremos como va. © Enlace a manual de la FAO

A la búsqueda de microorganismos de montaña

Durante este año he decidido probar con la elaboración de bocashi, ese abono que más que  limitarse a la putrefacción  de la materia orgánica, lo que pretende   es un proceso de fermentación que enriquezca la mezcla.

Para realizar el bocashi se requiere  incorporar a la mezcla  microorganismos  del suelo, pero no de cualquier suelo, sino de aquellos suelos que conservan sus microorganismos de forma más  saludable, para ello nos hemos ido a buscar microorganismos de montaña.

Para realizar esta búsqueda nos hemos ida a cualquier parte, sino a aquellas que nos resultan conocidas, donde poder recogerlos sin violentar derechos. Tenemos la suerte de estar en una región que tiene una gran riqueza natural y sus paisajes son  el resultado de una larga ocupación e interacción con el medio. Sobre estos paisajes  la despoblación ha atenuado la presión de la agricultura industrial y sus suelos y tierras no se ven contaminados por el uso de plaguicidas  y herbicidas sino que conservan  en muchas zonas sus microorganismos naturales.

Es en uno de esos rincones, herencia de mi marido, donde hemos ido a recoger esta tierra en la búsqueda de microorganismos “salvajes”. Es una zona a caballo entre pinares y bosques de caducifolias. Allí  las hojas se acumulan junto a una pared , que las retiene y donde se va realizando la labor descomponedora.

Retiramos las hojas de la superficie y nos vamos a esas que están semidescompuestas, en el proceso de elaborar suelo. Esta mezcla de tierra  suelta, de estructura porosa con hojas a medio descomponer,  aparece  en ocasiones cargada de hifas blanquecinas que vetean  el suelto y esponjoso sustrato.

Allí fue donde cargamos un par de sacos  de este suelo vivo y  marchamos satisfechos con nuestro tesoro. En este saco llevamos lactobacilos, levaduras y bacterias fotosintéticas, actinomicetos y otros tipos de organismos. Todos ellos  serán los encargados de realizar el proceso de fermentación que estamos buscando. Más tarde,  ya elaborado el bocashi,  se repartirán por los cultivos enriqueciendo con su presencia el suelo.©

Visita al huerto en la semana sexta

Durante esta semana el tiempo se ha ido suavizando. En especial durante el día. Se mantienen las heladas nocturnas, pero estas han sido suaves. Los cielos han predominado despejados, aunque en el fin de semana la inestabilidad ha sido mayor, con nubes bajas y algo de nieblas.

La tierra tiene ahora una adecuada humedad para sembrar y  es el momento de cavar y abonar los frutales, por  lo que  poco a poco iremos  dedicándonos a esta tarea.©

Visita al huerto en la semana 6.1

Visita al huerto en la semana 6.2

Visita al huerto en la semana 6.3

Visita al huerto en la semana 6.4

Visita al huerto en la semana 6.5

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Visita al huerto en la semana 6.16

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¿Cómo realizar un germinador casero?

Cansada de cargarme  los calentadores de acuario  que usaba en el germinador de semillas antiguo ( acabé con dos de ellos) y   buscando reducir los mohos y podredumbres, por la elevada humedad en el interior del mismo, este año decidí intentar realizar un  modelo de germinador  nuevo.

Para ello pretendía emplear por un lado  material de reciclaje, como era un antiguo acuario de 30 cm por 60 cm, con una de sus paredes  de cristal estalladas y por otro lado necesitaba comprar un cable calefactor de terrarios y un programador. Esto fue lo que compré:  Un termostato electrónico KKmoon AC 90V~250V , junto con un cable calefactor para terrarios.

El acuario  una vez limpio, estaba listo para su uso, del resto Amazon nos puso en pocos días el material en casa.  Mi intención era  el adquirir un cable que permitiera alcanzar la temperatura adecuada y que  tuviera potencia y longitud suficiente, por ello cogí uno de 6 m de largo y de 50 W de potencia. Con el programador lo que buscaba era la comodidad de un enchufe y  sencillez en su uso, y una vez en marcha parece que  hemos conseguido lo que queríamos.

Al instalar el cable se requiere que este en ningún momento se cruce   entre si. Por ello  realizamos  orificios en tres listones de madera con el taladro. Luego  fuimos deslizando  el cable a través de ellos, dejándolo lo suficientemente tenso.  La colocación del cable se fue realizando de forma homogénea por toda la base del acuario.  

Colocado el cable rellenamos el espacio entre el mismo y los listones con gravilla.  Y tras enchufar  el programador y colocar las instrucciones  de temperatura ya está todo listo.

Ahora viene la parte difícil. El ajuste adecuado de las temperaturas  y la humedad a  las necesidades de las semillas. El aparato tiene un LED verde que indica  las temperaturas que está midiendo la sonda. El rojo la temperatura programada para alcanzar. El rango de ajuste de la temperatura es de -40ºC a 120ºC, por lo que puede tanto calentar como refrigerar.  Estas son sus instrucciones de uso.

Dentro del acuario he colocado unas bandejas de plástico. En ellas voy a colocar las semillas en servilletas humedecidas para realizar la pre-germinación que me permita adelantar las semillas.  Posteriormente cuando  ya vayan germinadas las colocaré en tiestos y  dependiendo de su evolución estos irán dentro del germinador según se vea que es necesario en su evolución.

Es imprescindible mantener el color y la humedad dentro del germinador por ello he  colocado por encima  una cubierta de plástico. Ahora hay que ir regulando las temperaturas  y la humedad, ajustándolas a las necesidades de las semillas. ©

Nido del Avispón europeo

Nido de Vespa Crabro

Este nido que os muestro aquí estaba dentro de la caseta en la huerta del pueblo. Lo vimos a finales del verano, pero entonces no nos atrevimos a quitarlo. Hemos dejado que pasase el invierno, para meternos con el. En verano la abrir la puerta las avispas se alborotaron, por lo que cerramos y las dejamos tal cual.

Pertenece este nido al avispón autóctono de la península, cuyo nombre científico es Vespa Crabro. Es esta un tipo de  avispa que ha coexistido  con otras en la península desde siempre y que no resulta especialmente agresiva, salvo en la defensa del nido. Motivo por el cual dejamos este  donde estaba hasta la llegada del invierno.

Al disminuir la temperatura las avispas disminuyen su actividad en el nido y las obreras paulatinamente van muriendo. Las reinas fecundadas se aletargan  y  buscan refugio en huecos y grietas  en  las proximidades del nido.  Dentro del nido, en las celdas, quedan larvas en formación, de las cuales saldrán en la primavera, si  el tiempo y el lugar lo permiten,    avispas reinas que crearán nuevos nidos.

Los nidos suelen comenzar de pequeño tamaño, creados por la avispa reina,  para continuar en construcción, si el lugar es adecuado y la colonia de avispas goza de buena salud,  con el trabajo de las obreras, hasta alcanzar unas buenas  dimensiones. Este que ves aquí resulta frecuente en su  tamaño, en este tipo de Avispón.

Los nidos suelen ubicarse  en un lugar protegido, como esta caseta para las herramientas, donde las avispas en calma puedan realizar su trabajo y criar a sus larvas. Están realizados en una especie de papel,  que  las avispas consiguen masticando fibras vegetales. Pegados a un techo o una pared y realizados con una envoltura  ligera que lo recubre y lo cierra. El nido cuenta con una al entrada principal situada en  el nivel inferior, por donde la Vespa Crabro  accede al mismo.

El nido es una maravilla de reciclaje e reintegración al medio. Cuando es abandonado  en poco tiempo la humedad ambiental inicia su deterioro, y pronto  se descompone, motivo por el que  su cubierta estaba caída y ya presentaba inicios de mohos en las celdas.

Ahora nos queda  el colocar una malla  fina por el lugar por donde accedieron las avispas para evitar que en el futuro usen el mismo lugar para poner su nido. ©