Archivo de la categoría: Árboles frutales

Avellanas en el huerto

Es a finales de agosto e inicios de setiembre cuando los avellanos van madurando sus frutos. Así poco a poco, conforme van poniéndose marrones, vamos recogiendo las avellanas.

Muchos de nuestros avellanos todavía tienen que crecer. Es evidente por el tamaño de los árboles cuales de ellos reciben más humedad, pues son los que también alcanzan mayor altura. Este año hemos procurado darles más riego y eso se ha notado en el tamaño de las avellanas y en el vigor de los árboles.

Avellano silvestre y sus injertos

El que tiene mejor producción corresponde al primer avellano plantado. Es un avellano silvestre al que le hemos ido injertando algunas de sus ramas. Con ello hemos conseguido mejor producción de avellanas, aunque todavía conserva algunas ramas del silvestre, pues tienen buena polinización en primavera.

Otro de los más grandes

Este año volveremos a eliminar alguna de las ramas originales y dejaremos las cañas nuevas, injertadas de este año. Su avellana tiene mucha mejor calidad que el silvestre.

Avellanos en crecimiento

Los demás van disminuyendo en tamaño progresivamente, hasta los más jóvenes que todavía tienen por delante el dar fruto por primera vez. Pero aunque su crecimiento es lento poco a poco, alcanzaran un tamaño y comenzarán a producir.

Tipo y tamaño de las avellanas

El tamaño de las avellanas del huerto es muy variado. Desde las muy pequeñas que corresponden a la variedad silvestre de la sierra de La Culebra, hasta los distintos tipos de avellanas que hemos ido colocando, algunas de muy buen tamaño. En general todas ellas aparecen llenas en su interior.

Además nos hemos dado cuenta que hay una de las variedades de avellanas que es la preferida de los cuervos, para tirarlas antes de tiempo, desde mediados de agosto llevan haciéndolo, y comérselas. Pensamos que se debe a que quizá tengan la cáscara más fina y blanda. A los otros avellanos los atacan menos. Es una avellana de piel más clara y levemente rayada. Posiblemente injertemos ese árbol para reducir el problema.

Tras acabar de recoger las avellanas, quedan todavía unas pocas, las ponemos al sol a secar. Unos días secando y las podremos almacenar en un lugar fresco y seco, mejor a oscuras. Aunque dado que no son tantas, lo más probable es que poco a poco las vayamos incorporando a la dieta, a veces frescas, en otras ocasiones dándoles un tostado suave, de modo que sean uno más de los frutos que nos provee el huerto.©

Un melocotón en el invernadero

Este año no es año de fruta de hueso en nuestro huerto. Todo lo de hueso se heló en la primavera y solo se salvó aquello protegido del frío dentro del invernadero. Fue el caso de algunos albaricoques y sobre todo el caso de este melocotón, que quedó cargado de frutos.

Este es un melocotón que procede del valle del Duero, en concreto de Toro. De aquellos frutales que solían tenerse en secano, alrededor y cerca de las viñas. Nos los pasó el padre de una amiga, hortelano jubilado y agricultor de toda la vida.

Es un arbolito que tenemos colocado en uno de los laterales del invernadero, motivo por el cual no ha crecido demasiado, dado que las ramas superiores están chocando con el plástico y en parte quemándose por este.

Este es el segundo año en que da fruto, aunque con más abundancia cada año que pasa. Su fruto es peludo, de piel fina, fácil de quitar cuando va maduro. Un fruto de forma levemente oblonga y picuda, forma que también adopta la cuña interior.

El color de la piel mezcla toques amarillos que progresivamente van cambiando hacia un vivo rojo, colores que también manchan la carne interior, hasta el hueso. Un hueso que se despende fácilmente de la carne.

El sabor es rico, pero para ello hay que evitar dar demasiada agua al árbol en las últimas etapas del crecimiento de sus frutos. Una búsqueda de equilibrio entre tamaño y sabor.

Tengo intención de levantar un poco los laterales del invernadero, lo que puede beneficiar el desarrollo del arbolito y por otro lado nos hemos estado preguntando sobre el nivel de rusticidad y resistencia que podría presentar si lo injertásemos en el exterior, por lo que habrá que intentar hacer esto para ver cómo resulta y en qué modo resiste el frío. ©

Cosechando los frutos del Amelanchier

Nuestro Amelanchier lamarckii, de la variedad Ballerina, que estuvo lleno de flor en primavera, nos ha dejado una hermosa cosecha de frutillas este año. El árbol está saludable y parece medrar.

Este es el tercer año con nosotros para el Amelanchier. Lo plantamos en el 2018. Ha ido creciendo, pero no es un árbol demasiado vigoroso, aunque si resistente al frío pues ha florecido y dado fruto todos los años.

Este ha sido el año de su mejor cosecha hasta ahora. Hemos recogido como dos cajitas de unos 300 gr, aunque es difícil de decir pues algunos frutos los hemos ido comiendo según han ido madurando.

Las bayas crecen en racimos, por lo que en vez de recogerlas de una en una, se recoge el racimo. No maduran todas ellas al mismo tiempo, y en el racimo puede haber algunas más maduras de un color más oscuro y otras de un tono más rojizo. Pero al comerlas en grupo se combina bien los mayores niveles de dulzor de unas con un toque más afrutado de aquellas de menor madurez.

Tiene un fruto que gusta especialmente a los pájaros, por lo que hay que ponerle pronto la red o desaparecen rápidamente. Para nosotros el fruto aunque está rico y se da un aire al arándano, es menos dulce. Con todo resulta vicioso y es fácil de comer uno tras otro.

Primera cosecha de nísperos

Este año hemos tenido nuestra primera cosecha de nísperos japoneses, Eriobotrya japonica, después de estarlo intentando durante los últimos ocho años. El primer níspero que plantamos fue en el 2013, en el exterior. Un níspero portugués, comprado ya injertado sobre patrón de membrillo. De aquel níspero solo queda ya el recuerdo, el níspero murió.

Con nuestra climatología llegó un momento en que se hizo evidente que no podríamos tener nísperos en el exterior del huerto, por ello decidimos ver si podríamos tenerlos dentro del invernadero. Comenzamos así a intentarlo, pero los queríamos sobre patrón de níspero, que dicen resulta más resistente. Para ello cultivamos los nísperos de semilla y posteriormente para acelerar el proceso, los injertamos.

Espera que te espera, este invierno al final florecieron los nísperos en el interior del invernadero. Al no haber colocado los mismo tipos de injertos conseguimos frutales con tres floraciones diferentes, cada una un poco más tardía que la anterior.

Fue un placer contemplar cada una de las ramas principales con un penacho de flor. De todas esas flores la mayoría se perdió. El níspero es muy sensible a podredumbres.

Pero todos los árboles han tenido frutos. Hemos podido probar cada uno de ellos. Cada uno ajustado a un momento diferente en su maduración. Cierto es que de las dos primeras floraciones los frutos fueron escasos, apenas los probamos. Ha sido la última la que nos ha dado más alegrías y nos permite mostraros la cosecha.

Es de un árbol de la zona, asentado más en este clima. Al florecer más tarde sufre durante menos tiempo el frío y los procesos de podredumbre, por lo que se salvan más frutos. Aunque también es cierto que va más tardío en sus frutos.

Todavía nos queda mucho que aprender en relación con los frutos. Aunque estaban muy buenos, mucho mejores que los comprados, quizá haya que dejarlos madurar más para que se pongan más dulces todavía. Esperemos que para el próximo año haya tantos que lo podamos averiguar. Este nos pudo el deseo y aunque estaban dulces, tenían una chispita de acidez. Que le vamos a hacer, ¡no pudimos esperar más!©

Rosáceas arbóreas en el mes de abril

Flor de Nashi

Cuando hablamos de rosáceas en las zonas templadas el grupo de plantas de las que hablamos es de por si muy amplio, pero si nos limitamos a las rosáceas arbóreas eso ya supone un buen recorte, aunque sigue siendo un grupo numeroso. Lo cierto es que dentro de este grupo están la mayoría de los árboles frutales que contamos en el huerto, tanto numéricamente hablando como por tipos.

Perales en espaldera

Estas rosáceas arbóreas ofrecen uno de los momentos más esplendorosos en su floración. El resto del año suelen ser más discretas, aunque también en el otoño sus hojas pueden cargarse de color.

Cerezo de Picota

Las rosáceas dependen de las temperaturas para estimular su despertar e iniciar su floración. Por ello en un año como el actual en el que el invierno se ha visto limitado a una tanda de días y que en general ha habido temperaturas medias superiores a las que por época corresponden, no es de extrañar que se hayan adelantado a su momento de floración.

Amelanchier

Florecieron en marzo las primeras, una parte importante de las de hueso (especialmente albaricoques, melocotones y las ciruelas japonesas), pero la mayoría de los arboles de pepita se han retrasado hasta abril (especialmente perales, nashis, manzanos), e incluso algunos de los de hueso (ciruelos europeos, amelanchier, cerezos).

Manzano de Reineta

Así este mes de abril se ha convertido en uno de los momentos más floridos del año en la mayoría de los frutales del huerto. A los árboles de todos los años poco a poco se han ido incorporando en esta cascada de floración los árboles nuevos, aunque todavía no todos .

Ciruelo Cascabelillo

Pero todo Yin tiene su Yang. Así en este momento de esplendor aparece la amenaza recurrente de la helada que apaga el lustre de los árboles y deja un sabor a ceniza en la ilusión. Si esto es habitual de las tierras del interior peninsular, este año el riesgo y el daño es todavía mayor. ©

Istalache para los albérchigos

Este año los albaricoqueros están cuajados de flor que es un placer. Por eso hemos vuelto a intentar montar un istalache para ellos, creando una mampara que les proteja de la fuerza del viento y del frío.  En esta ocasión usando las cañas de los maíces.  La idea surgió de un comentario de una visitante del huerto que dijo que en su país (Rumanía) protegían los  ciruelos con cañas de maíz para conseguir más fruta.

De ahí surgió la intención de almacenar las cañas del maíz, para que llegada esta fecha las pudiéramos emplear con este fin. Ahora ya tenemos montado  el conjunto. Una estructura que se eleva, que es ligera, y espero lo suficiente resistente como para soportar los vientos y al tiempo ofrecer algo de protección a las flores de los albérchigos.

Estamos seguros de que si la helada fuese muy intensa no habría posibilidad de verdadera protección, pero quizá así las zonas bajas puedan conservar una parte de la fruta. De ser esto posible, en el futuro reduciríamos con la poda el tamaño de los árboles y  intentaríamos emplearlo como sistema preventivo.

Estamos trabajando en el convencimiento de que heladas va a haber desde ahora hasta mayo. Y la flor  no será el momento más delicado. A veces es más sensible el fruto medio cuajado.

Para soportar las varas del maíz hemos empleado cañas de Castilla, ligeras y ya secas. Al  tiempo que duras y resistentes y postes clavados en el suelo.  Sobre los que se han atado de forma trasversal las cañas y a ellas los maíces. Como no nos han llegado los maíces, dado el tamaño de los árboles, se completa el cierre con manta térmica y de sombreo.

De momento la estructura se mantiene bien. Tiene la ventaja de que la resistencia que ofrece es menor que una superficie continua. Por ello no crea efecto vela que arrastre todo el Istalache. Vamos a mantener este sistema hasta que finalicen las heladas, allí a finales de mayo y veremos si  puede ofrecer alguna posibilidad, aunque una amiga me decía que mejor poner una vela a un santo y rezar. ¿Cómo lo veis? ¿ Habrá alguna posibilidad? ©

Arboles de hueso en el invernadero

Tres son los frutales de hueso que tenemos dentro del invernadero: Un albérchigo, y dos melocotones.  El objetivo  de estos árboles es doble, por un lado el de adelantar la fruta  y por otro de asegurar el consumo de estas variedades  aquellos años en que la climatología lo complique todo.

El albérchigo está colocado sobre la pared del fondo, con la intención de obligar al arbolito a crecer en espaldera. Este es el primer año en que saca floración. El árbol es pequeño todavía y tiene colocados dos injertos, con la sana intención de buscar la polinización entre ellas. Uno de los injertos ha tomado más dominancia que el otro, por ello este año volveremos a reinjertarlo.  La polinización la hemos realizado con pincel.

Los melocotones son dos muy diferentes.  Uno de ellos es de origen portugués, del que ya hace tiempo os hablé (Ver entrada). Una variedad enana, aunque más podría pasar por una variedad ornamental, dada la belleza de sus flores. La calidad de su fruto es escasa.

Ya le tengo realizado un injerto en una de sus ramas, que espero tire este año. Se han mantenido las ramas para poder tener polinización cruzada y  polinizar las flores del otro.

El otro melocotonero es una variedad de un árbol de Toro. Es uno de esos melocotones  de variedades antiguas. Un melocotón peludo, pero muy sabroso. Aunque todavía no hemos podido probarlo demasiado. El año que los dio apenas  fueron media docena. Este año está más fuerte por lo que espero que pueda tener y criar mejores frutos.

En ambos casos los melocotones, dentro del invernadero,  están en la zona externa. Una zona que espero poder reformar este año y levantar  un poco. Aunque de momento ninguno  de los dos frutales está muy vigoroso y no les molesta la falta de altura. Espero que cuando vayan más fuertes este problema lo habré corregido.©

Daños de Filomena en el interior del invernadero

Daños en Maracuyá

Aguacate grande

Durante este mes de febrero se han ido viendo los daños que  la ola de frío de la tormenta de nieve Filomena dejó en el huerto y en concreto en el interior del invernadero.

Aguacates pequeños

Como resultado de  la caída de las temperaturas (en la zona del huerto se alcanzaron los -10º)  en el interior del invernadero, aunque los cultivos más sensibles estaban tapados, no por ello dejaron de verse afectados por las sucesivas heladas.

Buganvilla dañada

Tres han sido   los cultivos más afectados: Aguacates, maracuyá y Buganvilla , no quiere esto decir que no haya habido otros, que los ha habido, pero por tamaño o antigüedad estos son los más dolorosos.

Estas plantas,  además de estar  dentro del invernadero (que recordemos es un invernadero frío, sin ningún aporte extra de  calor), estaban todos ellas cubiertas por manta térmica. Pese a ello se han visto seriamente dañadas y queda por ver si se podrán recuperar.

A todos ellas, primero  les hemos dado tiempo antes de hacer nada, para poder  controlar el daño en sus tejidos. Posteriormente nos hemos dedicado a eliminar todas las zonas dañadas o muertas (más de lo que inicialmente parecía).

Han perdido la mayoría de sus hojas, cuando no han sido todas. Es el caso del maracuyá y de la buganvilla. En el caso del maracuyá además  el tronco se ha visto afectado por una gran grieta, que  va de abajo a arriba. De momento se mantiene verde, pero es de sospechar que se seque, aunque esperamos que rebrote desde  la raíz.

Eliminar toda esta materia seca se hacía imprescindible por varios motivos:

  • Que cada planta concentre sus energía en aquellos tejidos menos afectados.
  • Eliminar todo aquello que pueda generar podredumbres y permitir una buena circulación de aire.
  • Facilitar que los tratamientos anti fúngicos y nutritivos que vayamos a darle, lleguen mejor a la materia viva.

Ahora queda mantener  las mejores condiciones que se pueda  dentro del invernadero y conforme vayan subiendo las temperaturas ir fortaleciendo la planta para ver si podemos conseguir que todos ellos rebroten.©

Álamos y avellanos: árboles de polinización aérea

La polinización anemófila es un tipo de  polinización cruzada realizada por un factor abiótico: el aire o viento. El polen de estas plantas suele ser de bajo peso y volumen más grande, por lo que  flota en el viento, siendo arrastrado a buenas distancias.

Este sistema es empleado con bastante frecuencia  entre los árboles, pero no es el más habitual entre las especies frutales. En el huerto solo algunos de nuestros  árboles se polinizan empleando de forma preferente el viento, es el caso de avellanos, álamo temblón, chopos, fresnos, nogales… y algunas coníferas cuando estén en edad de producir flor.

Varias pueden ser las razones por las que la naturaleza  ha empleado este sistema:

  • que el ciclo de formación de la semilla sea bastante largo, por lo que se  precisa iniciar la polinización temprano,  en un momento en el que hay pocos insectos en el aire a los que, dada la cuestión climática, no se podría esperar.
  • que estos árboles se desarrollen entre otros similares a ellos, por lo que la  existencia de bosques poco diversos  en especies  y muy densos, facilitaría la polinización de los mismos.

Como árboles anemófilos nosotros  en esta época nos centraremos en dos caducifolias  que están ahora en plena floración como son los avellanos y el  álamo temblón.

En ambos casos las inflorescencias  se desarrollan mientras el árbol está todavía sin hojas, de modo que el polen circula libremente sin pantallas que le impidan llegar a todas partes. A ello se suma la ausencia de hojas en el resto de la vegetación.

Esas inflorescencias suelen ser bastante discretas de color, dado que no hay insecto alguno que atraer y péndulas, sobre todo los amentos masculinos,  de modo que al ser agitadas por las brisas liberan en el aire su carga de polen.

Un polen que suele ser de poco peso, seco y de  fácil movilidad. A ello se suma  una gran densidad de flores masculinas, lo que facilita la posibilidad de polinización con los estigmas femeninos.

El viento sopla estos días en el huerto llevando su carga de pólenes por todos los rincones.©

Níspolas, el fruto

Níspola en octubre

La Níspola, o Mespilus germanica como árbol de hoja caduca, está ahora cayendo sus hojas y terminando de tirar sus frutos. Es un arbolito de la familia de las rosáceas duro y resistente que tiene un buen crecimiento en su tercer año en el huerto y cuyas  grandes hojas, de forma lanceolada recuerdan a las del níspero asiático, con el que comparte  poco más.

Níspola en diciembre

Situado en la zona  cercana a la valla exterior, cerca del canal de desagüe, donde queda en la mañana  a la sombra de los fresnos y el resto del tiempo a pleno sol.

Esta níspola está en su segundo año de fructificación. En el primero nos ofreció tres frutos. En el actual han superado la docena de estos.  Su carácter rústico está  en evidencia, pues apenas se le ha dado algo de abono y algún cubo de agua, en el periodo de final del verano.

Es un árbol que tiene poco difusión y apenas se ve ya plantado. De hecho este es el único que yo conozco. Las cualidades de sus frutos lo hacen poco atractivo para el consumo comercial, dadas las peculiaridades del fruto.

El fruto es una poma, pelosa de color amarronado, áspera de sabor y muy rica en taninos, lo que lo hace muy astringente. Hay que esperar a que estos frutos estén sobremadurados para que se ablanden y adquieran  una cualidad digestible.  Por ello se suelen recolectar y posteriormente dejarlos en un lugar en reposo hasta que se maduran.

Nosotros dadas las características térmicas del año los hemos dejado en la planta el mayor tiempo posible, y luego fuera de ella hasta que adquieren esas condiciones únicas, en las que se oscurecen un poco en su color y están blandos y dulces, casi cercanos al sabor de la reineta asada. Pero eso requiere paciencia y encontrar el momento adecuado.©