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Extraordinaria cosecha de boniatos

Uno de los capazos llenos de boniatos

Uno de los capazos llenos de boniatos

Una magnífica cosecha de boniatos es lo que  hemos tenido, en cantidad y calidad. Tanta que ni los descuentos de  los ratones han podido menguar lo extraordinaria que ha sido la  cosecha de este año. Estamos en buen camino en su modo de  producción.

Al comenzar a sacer los boniatos

Al comenzar a sacar los boniatos

Viendo como los ratones se habían metido con las patatas y cómo había  huellas de su ataque en los boniatos, decidí sacarlos de la tierra.  Ya hemos visto como desde su plantación habían crecido con muchas ramas y un  buen desarrollo. Su permanencia en  tierra ha sido mucho más larga que el primer año que los plantamos.

Sacando tubérculos de buen grosor

Sacando tubérculos de buen grosor

Cosecha final

Cosecha final

Al haber conseguido adelantar su plantación y pese a que este verano no  ha sido especialmente cálido, los boniatos aprovecharon el verano para un mejor desarrollo.  Así aunque los he extraído casi un mes antes  que en el primer año, que los recogí mediados de noviembre, lo he podido hacer, sin que las plantas hayan sufrido  la acción del frío, lo que creo pueda beneficiar para su correcta conservación.

Para recogerlos debemos tener en cuenta que los boniatos tienen una piel muy sensibles, que recibe todo tipo de marcas como lesiones que posteriormente son foco de entrada de hongos y podredumbres. Hay que intentar sacarlos con los menores daños. Por ello usamos la laya.

Aprovechamos una buena tarde de otoño. Fuimos retirando las hojas verdes y posteriormente clavando la laya en tierra,  cerca, pero sin entrar en contacto,  y haciendo palanca. El resultado está a la vista: gruesos y abundantes  boniatos de piel  púrpura, que dejamos sobre la tierra para que se fuese secando la tierra que tenían a su alrededor. Luego rellenamos dos talegas con ellos  y para casa.  Pincha aquí si quieres ver el proceso de la plantación de Boniatos a lo largo de este año: mayo, Junio, julio, agosto.©

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Curando boniatos

Limpiando tras cosecharlos

Limpiando tras cosecharlos

Una vez recogidos los boniatos el reto es conseguir conservarlos, lo que no es nada fácil, pues son muy sensibles a la podredumbre a través de las heridas y cortes que las raíces han recibido, aunque se ande con mucho cuidado con ellos.

Podredumbre en uno de ellos

Podredumbre en uno de ellos

Para conseguirlo se debe proceder a lo que se llama el curado de los boniatos, proceso que en su lugar de producción resulta relativamente sencillo, simplemente dejando los boniatos al sol tapados con una lona, pero que no es tan fácil de realizar aquí, más cuando las temperaturas ya no son cálidas y el frío no les sienta nada bien a los boniatos.

Se realiza en los dos días posteriores a la recolección y con ello se pretende sellar todos los cortes que presenten las raíces, conservar la humedad dentro de las raíces y  cristalizar el azúcar de las mismas. Para lo cual  hay que someter a las raíces a un temperatura que ronda los 30 grados durante 4-7 días en condiciones de humedad alta (85-90%). Lo ideal sería tener un invernadero y llevar dentro del mismo el proceso de secado. En mi caso al no tenerlo  probé dos vías diferentes y  ya veremos cual resulta ser más adecuada.

Secando al sol

Secando al sol

Con la primera tanda de boniatos cuando los arranqué todavía había temperaturas diurnas cálidas y lo que hice fue poner los boniatos a secar al sol, sacándolos durante el día y recogiéndolos por la noche o en cuanto bajaba la temperatura.  De momento esos boniatos están bastante bien.

Secadero montado

Secadero montado

Con la segunda tanda las circunstancias eran ligeramente diferentes. Había mucha más humedad en el terreno, las temperaturas eran más bajas, y se daban menos días cálidos, por contra las lluvias fueron más frecuentes, lo que no ofrecía la posibilidad de secarlos al aire libre por ello decidí experimentar a usar la secadora y ver si se podía utilizar moderando su temperatura, lo que al no tener termostato no era nada fácil. Por otro lado no se podía  usar la bandeja original, por ser los boniatos  más anchos que la bandeja.

Caja con los boniatos dentro del secadero

Caja con los boniatos dentro del secadero

Coloqué la secadora bajo una caja invertida, sobre la que coloqué  los boniatos a secar. Encima de la secadora directamente puse un cacharro de acero inoxidable con agua para que fuera aportando humedad. Todo el conjunto lo cerré con una sábana y deje una abertura superior a modo de chimenea. Con un termómetro de los que tienen doble función interior exterior, fui controlando la temperatura, que en general estuvo en torno  a los 30 º pero que puntualmente en alguna ocasión se dispará mucho más alta.

Son boniatos que se han encogido más que los otros, pero de momento ahí están. Es cierto que son los que más vamos consumiendo, al ser de menor tamaño, queriendo reservar los más gordos para sembrar.

Diferencia de tamaño, entre dos de los más grandes. El de abaj oya secado, el otro antes de ponerlo en la secadora

Diferencia de tamaño, entre los dos más grandes. El de abajo ya secado, el otro antes de ponerlo en la secadora

Ahora hay que conservar estos boniatos hasta el momento de la siembra. Por lo que he leído la temperatura ideal está en torno a los 13-15º. No se deben mantener los boniatos a menos de 10 º de temperatura pues se dañan por frío. Las temperaturas superiores a 16 º favorecen la brotación  y el ahuecado del interior de la raíz. Ya veremos si lo conseguimos ©

Recogiendo los boniatos

Boniatos recién recogidos

Manta térmica

Desde hace ya días los boniatos han ido viendo perder fuerza en sus ramas por la acción de los hielos, pues desde las primeras heladas  se vieron afectados y a estas alturas ya deberían tener sus ramas totalmente secas de no ser porque les puse por encima la manta térmica.

Bajo la manta

La razón de que les colocase la manta fue que tras la primera  helada a finales de septiembre levanté un par de pies de boniatos y me pareció que las raíces que tenían eran  todavía muy finas y escasas, por ello  decidí darles algo más de tiempo y tanto que así pues han sido casi dos meses más.

Arrancando boniatos

La manta térmica ha funcionado muy bien con ellos, y las plantas de boniato aunque tienen algunas hojas muertas todavía se conservan vivas y con las cañas verdes bajo la protección de la manta. De hecho los boniatos de las fotografías son solo una parte de los boniatos que tengo, la primera remesa de brotes de  boniatos  que salieron bajo el túnel, los de la segunda camada todavía siguen bajo la manta y parece que siguen creciendo, por lo que de momento no voy a sacarlos todavía, les daremos algo más de tiempo.

Cuando se desentierran los boniatos uno no para de preguntarse dónde se meten, pues están enterrados muy profundamente, por lo menos este tipo de boniato que yo tengo, boniatos de piel púrpura. Son boniatos que me pasó un amigo que él los había adquirido en Portugal. Con los boniatos de aquí no tengo suerte, pues pese a que les he hecho lo mismo que ha estos,  los tubérculos no brotan, no sé que les pasa,  por lo que me  queda la duda  de  si son viejos o si  están tratados para no brotar.

Una de las mejores matas

Para desenterrar los boniatos  he empleado la laya pues  con sus sistema de raíces alargadas y profundas, es el sistema que me permite irlos sacando sin romperlos en la medida de lo posible, lo que es fácil pues las plantas al estar tan repletas de líquido, tan crujientes,  se  quiebran y lastiman  con facilidad y más como hay que hacer presión para sacarlas desde tan hondo. Otros medios como  zachos, azadas,… resultan mucho  más destructivos.

Puestos a secar

Al arrancarlos  la tierra estaba bastante  húmeda y los boniatos   estaban totalmente embarrados, por lo que los lavé y los puse a secar al sol de la tarde.  Habrá que pensar en recetas con boniatos.©