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Nuestra receta de Bocashi

Montón tapado al finalizar el proceso

Como ya hemos comentado  vamos a realizar nuestra propia receta de bocashi. El bocashi es un tipo de abono  que se fermenta, no se pudre, para ello es necesario el uso de microorganismos del suelo y de levaduras, que  a través de este  proceso  se estabilizan en el abono y  posteriormente enriquecen el suelo, ayudando a la nutrición de las plantas y al control de microorganismos patógenos que pudiera haber en él.

Cada bocashi es algo único, que cada agricultor realiza con los medios que tienen disponibles a su alcance. Las cantidades varían, en función de lo que hay disponible y pero  en cada bocashi hay una serie de componentes que  pueden formar parte de la mezcla, aunque no es necesario que estén todos. Se pueden usar:

abono fresco

Abono de origen animal, preferiblemente de gallinaza, pero se puede emplear cualquier otro. En nuestro caso es una mezcla de gallina y de conejo, los  que tenemos disponibles a nuestro alcance.

Microorganismos de montaña de los que ya os he hablado en la entrada anterior. Tienen la misión de colonizar primero el abono y más adelante  los terrenos de aquellos microorganismos naturales que enriquecen con su labor el suelo y ayudan al desarrollo de las plantas.

Tierra común, preferiblemente arcillosa,  ayuda a equilibrar la humedad del abono, crea el medio propicio para el desarrollo de la actividad microbiana,  aporta al suelo  textura y permite una mayor interacción entre  el resto de elementos empleados en la mezcla.

verduras troceadas

Carbón vegetal, en nuestro caso hemos usado biochar,  como una esponja viva cargada de microorganismos que le hemos aportado desde el humus y otros extractos naturales fermentados. El carbón ayuda en la textura del suelo y  en la regulación de la humedad.

Levadura de panadero, que  aporta las  levaduras que ayudan en el proceso. Son ellas las responsables del olor de fermentación que acompaña la elaboración de este abono.

Restos vegetales secos

Melaza. Dado que este año no había de esta disponible decidimos emplear todas esas mermeladas que quedan en la parte  final del estante de la despensa y que tienen ya cierta antigüedad, o por olvido o por que hay otras que se prefieren. Los azúcares alimentan con su energía la actividad microbiana.

Compost de restos de leguminosas

Salvado de trigo.  Suele  emplearse el de arroz, pero cuando no lo hay este también es válido. Es un elemento que ayuda en el proceso de fermentación, alimentando a los microorganismos presentes en la mezcla y enriqueciendo el abono con nutrientes complejos.

Carbonato de calcio, que regula la acidez de la mezcla, preparando las condiciones para que haya una buena actividad microbiológica durante todo el proceso de la fermentación.

Restos vegetales,  tanto en fresco como en seco. De los primeros restos de calabacines que se habían conservado hasta ahora (que se han troceado añadiéndolos a la mezcla),  de los segundos: materiales semidescompuestos que ya estaban en el montón del compost.

Se crean diferentes capas

Se empezó preparando un cubo de agua con las mermeladas disueltas en ella a la que se añadió la levadura fresca y se  mezcló todo bien.  A continuación se fueron colocando los materiales en capas. procurando que el abono fresco que es el motor  de arranque de esta mezcla quedara repartido en diferentes capas.  Al finalizar las capas se echó el agua por encima con las levaduras ya activadas, repartiendo lo más homogéneamente posible y rematando  todo con una capa de tierra.

El agua debe ser ajustada, pues el proceso requiere la presencia de oxígeno y en exceso   ahoga la mezcla y genera pudriciones. En escasez dificulta la fermentación.

Cavando las primeras vueltas

Se debe procurar que la mezcla  se remueva con frecuencia, pero  en mi caso no vamos tan a menudo al huerto, por ello procuramos voltearla cada vez que pasamos por allí.

Se debe tapar y  colocar en un entorno controlado, pero en nuestro caso eso tampoco es posible, por ello lo que hemos hecho es cubrir el montón con un plástico para que quede a salvo de las lluvias, si llegase a haberlas.  Por otro lado al estar al exterior su evolución con el descenso de la temperatura en la noche hará que el  proceso vaya más lento, aunque quizá durante el día el plástico caliente la mezcla. Estaremos pendiente de ella y os contaremos como va. © Enlace a manual de la FAO

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Producto estrella de la temporada: Las judías verdes

Este año ha sido un año loco para las judías verdes. Una de las mejores temporadas en producción de las mismas.  Sobre todo las de la segunda parte del verano. Las judías verdes en sus diferentes variedades han crecido bien, y dado muchas vainas y buena maduración de sus alubias. Esto resulta sorprendente  pues  en general todo fue puesto tardío y converge con  un resultado similar en otros cultivos.

Han sido tanto fréjoles de mata baja ( redondos verdes y blancos, Boca de Dragón, …) como en los de enrame (Perona, Buenos Aires,…), así como las vainas de metro las que han respondido por igual   a  tan buen crecimiento.

El resultado favorable pienso se debe a una conjunción de factores, que espero repetir en años posteriores para corroborar su eficacia:

  1.  En primer lugar está el cómo hemos realizado su siembra, colocando las semillas en los laterales de un buen surco a modo de caballón, fáciles de regar, pero que las plantas quedaban nacidas en lo alto, de modo que  tras el riego se drenaba la humedad excesiva fácilmente, lo que en un terreno pesado es una ventaja a considerar.
  2.  También está la siembra en zigzag. Esto crea una mayor densidad de cultivo que facilita la creación de  un micro clima con mayor sombra en el suelo de cultivo, lo que a su vez facilita la conservación de la humedad.
  3. En el momento de la siembra al colocar en el terreno húmedo la semilla se ha incorporado una pequeña cantidad de humus de lombriz. Creo que el aporte de este  humus  cerca de las raíces dota a las plantas de microorganismos especialmente favorables  para el desarrollo de rizobios, bacterias favorables para fijar el nitrógeno,   en las raíces de las leguminosas.
  4. Se ha incorporado en las diferentes siembras de leguminosas  realizadas desde el mes de julio biocharcoal, que cargado de bacterias y buen retenedor de humedad, pienso que también  a ayudado en esta buena cosecha.
  5. Funcionaron bien los purines y extractos  fermentados (cebolla, ortiga,…) , que ayudaron en el mantenimiento de la salud general.

Ahora habrá que ver si se puede reproducir el proceso y confirmar esta concatenación de factores  como favorables, en las temporadas futuras.©

Año de pimientos

Hilera de pimientos

Pimiento amarillo

Este año para ser un año que va retrasado en casi todo  es uno de los años en que mejores tengo los pimientos, podría incluso decir que es  incluso el mejor (lo que visto a priori resulta sorprendente).

El panorama inicial se presentaba  un tanto confuso:

  1. Primero nacieron mal y tardíos.
  2. Después los puse en contenedores pequeños, lo que supuso dificultades para mantener la humedad dentro del invernadero. Por ello, al secarse más de lo debido,  se perdieron una buena parte de los sembrados.
  3. Cuando los pasé a tierra conseguí sacar adelante a una parte de ellos, pero la falta de calor hizo que fueran retrasados.
  4. Por ese motivo decidí comprar una tanda de planta, a ver si con todo ello conseguía sacar adelante pimientos suficientes.
  5. Se pusieron tarde  en el terreno y de entrada no parece que haya habido tanto calor como otros años,  lo que tendría que haberlos retrasado.

    Pimiento Italiano

Siendo todos estos los contras que han tenido los pimientos, algo ha habido a favor para conseguir las buenas plantas que tenemos este año en el huerto. Como aspectos a favor se deben tener en cuenta:

  1. Lo primero de todo es que hemos comenzado a realizar los surcos de plantación usando el motocultor.  Con ello se pudo aricar con más facilidad  y  dejar las plantas colocadas más en alto de lo que hasta ahora hacíamos. Con ello  ha habido la posibilidad de cultivar las matas por encima del nivel de regado, dejando el terreno saneado y las raíces del pimiento a salvo.
  2. Están plantados a pleno sol, en grandes surcos, con un marco de plantación entre las plantas de pimiento, amplio.

    Pimientos y berenjenas

  3. Les incorporé además de su abono habitual tanto abono fermentado de conejo con  restos de las leguminosas del año pasado, además de añadir biochar, así como humus de lombriz, ceniza  y un poco de carbonato cálcico.
  4. Ya en pleno crecimiento las plantas han recibido dos tratamientos de abono foliar realizado con materias naturales (bioabono), en un experimento organizado por mi marido.
  5. Además de ello han recibido diferentes tratamientos de extracto fermentado de cebolla y ajo, tomate, ortiga, milenrama,…

Su crecimiento ha estado por encima de la media de otros años. Todo ello nos deja con buenas expectativas de cosecha, de la que ya hemos ido disfrutando tanto de la cosecha de pimientos de Padrón como de la de los  Italianos, del resto solo hemos ido quitando aquellos pimientos que presentan sequeros, que de hecho si que ha habido una tanda.©

Otra forma de hacer carbón

Hoyo para hacel el carbon

Durante el mes de enero y parte de febrero en ciertos ratos que estábamos en el huerto decidimos terminar quemando todos los restos de podas  que habíamos amontonados desde el año pasado, con la intención de convertirlos en carbón vegetal.  Hacer carbón  con el sistema con que iniciamos este proceso resultaba lento y engorroso, por lo que experimentamos otras maneras.

La que resultó más  sencilla de realizar y muy eficaz a la hora de proporcionar cierta cantidad de carbón, fue esta.  El carbón una vez incorporado al circuito  del suelo, dicen que sigue cumpliendo su función y no desaparece  durante cientos de año, pretendemos ir experimentando con ello y ir año tras año enriqueciendo el suelo.

Restos y ramas

Lo primero era hacer un hoyo  de  más de 50 cm de profundidad, con forma de cono en el suelo. Dentro del mismo se prendía fuego y se iba colocando encima ramas secas y a veces verdes de los restos de las podas, incluidas las zarzas.  El estar el material dentro del hoyo la quema iba realizándose lentamente.

Material casi quemado del todo

Cuando se veía que todo iba ya prendido y ardiendo bien y la brasa se ponía  de color  blanco, en ese momento se cogía la regadera y se echaba agua  sobre el fuego apagando el mismo.  A continuación con  un palo se  removía la brasa y se separaba y extendía para que el fuego siguiese apagado y no volviera a prenderse.

Apagando el fuego

Se dejaba el material en el hoyo enfriando.  Al día siguiente si el carbón estaba seco se recogía y almacenaba, si había llovido o se había humedecido se ponía a secar y no se almacenaba  dentro de un saco hasta que estuviese bien seco.

Removiendo

Siempre que se ha podido, tras  convertir el carbón en biochar, hemos ido utilizando el carbón en cada trasplante de frutales de los que hemos ido realizando  a lo largo de este mes de febrero. La intención es emplearlo en semilleros y  en los cultivos más representativos para ver si se nota alguna mejoría. Tambien queremos comparar si hay diferencias en los usos del carbón elaborado con sistema y con otro.

Carbón ya frío

Por todo esto era necesario aumentar las provisiones del mismo, ahora tenemos un saco decente de carbón, pero poco a poco se va gastando. ©

El bio charcoal

Cribando el carbón vegetal,  tras enfriar

Tras preparar el carbón vegetal el siguiente paso es  el más importante, debemos convertir este  carbón vegetal en biochar o biocharcoal.  Pero ¿qué es el biochar?  El biochar es un carbón vegetal,  un biocarbón que  actúa  como un contenedor poroso dentro del cual pueden tener  lugar diferentes procesos que en general mejoran las condiciones generales de la vida en el suelo. Debemos tener presente qué:

  • Por un lado es una forma eficaz de almacenar agua en el suelo, con lo que se minimiza la necesidad de riego. El  agua  a su vez puede ir cargada de nutrientes hidrosolubles, con lo que se reduce el lixiviado de estos.
  • Por otro lado  este espacio se convierte en hábitat idóneo para múltiples microorganismos del suelo, que  en función de su proliferación pueden cambiar la vida microbiana del suelo y las funciones que en el mismo se desarrollan.
  • El biochar es capaz de realizar un filtrado  en terrenos arenosos  de ciertas bacterias peligrosas.
  • Es rico en potasa y eleva el ph de los suelos, por lo que es muy aconsejable en suelos ácidos, reduciendo la acidez de ellos.
  • Es una forma eficaz de retener y almacenar, de forma estable y durante largos periodos de tiempo,  carbono en el suelo, por  lo que coopera en la reducción del efecto invernadero.
  • Cambia el intercambio gaseoso de emisiones de gases en el suelo, lo que influye en la vida de microorganismos y en las respuestas de las plantas.
  • Por su alta capacidad de absorción es capaz en suelos degradados de retener sustancias contaminantes, disminuyendo  la contaminación presente en las plantas.
  •  Se está investigando  muchos de estos procesos y otros que pudieran aparecer.

“Regado” con  los purines

En investigaciones realizadas sobre la “terra preta” amazónica aparece este material,  un material muy estable que puede permanecer en el suelo entre 500 y 7000 años, capaz de producir buenas cosechas, con buena capacidad de recuperación  de los suelos y de su biogeneración  nutricional.

Bajo el hielo

De todas las posibilidades que se pueden sacar del biochar nosotros nos hemos centrado en la que potencia el enriquecimiento de la vida en las bacterias del suelo.  En la naturaleza hay una regla básica que insiste en que todo espacio vacío tiende a llenarse, pero   en el caso del carbón queremos decidir cómo se va a rellenar este carbón vegetal, qué tipo de bacterias  habitarán estos espacios.

Por ello antes de verter a la tierra este elemento,  debemos  cargar  el carbón con una adecuada capa bacteriana, bacterias capaces de regenerar el suelo y de ayudar a la nutrición de las plantas.

Siguiendo instrucciones leídas en Internet hemos incorporado  las bacterias presentes en el humus de lombriz (a través de un té de humus), junto con las desarrolladas al elaborar el purín de ortigas. Además de ello también le hemos incorporado extracto fermentado de cebolla y extracto fermentado de consuelda. Todos estos extractos los hemos regado sobre el carbón vegetal y los estamos dejando trabajar.

El carbón humedecido está expuesto a la helada para que esta actúe sobre el carbón, meteorizando y fragmentándolo  en partículas menores por la acción del hielo. Ya iremos viendo los posibles usos del biochar y cómo lo emplearemos en el huerto. ©