Tras las zarzas

Zarzas junto a la valla

Zarzas junto a la valla

Colonizando territorio

Colonizando territorio

¡Zarzas!, solo ya la palabra  nos enrata   y envuelve con sus espinas, así es la zarzamora que tan rápido se asienta sobre un suelo y lo invade.

De este modo están  ahora ocupando  los laterales de la valla.  Con un invierno  tan suave y húmedo, esta planta de la familia  de las rosáceas, del género Rubus que  es tan frecuente en mi zona y nos acompaña, está   en plena expansión. La zarza  o zarzamora es una palabra muy genérica para designar a   este arbusto sarmentoso, que engloba un buen  montón de variedades  que fácilmente se hibridan entre si.

Frecuente en todo el antiguo continente de Laurasia  es una planta que tiene  un gran desarrollo en la longitud que adquieren sus ramas sarmentosas pobladas de espinas. Espinas que aparecen tanto  a lo largo de  los delgados y prolongados  tallos como en el envés de las hojas, lo  que la convierten en un pasto desagradable para el ramoneo de los hervíboros y permiten a los tallos literalmente trepar desniveles apoyándoses en esas espinas.

raices en el extremo de sus atolones

Raíces en el extremo, a modo  de  estolones

Invadiendo el territorio

Invadiendo el territorio

Los mecanismos reproductores de la zarza son múltiples y no pierden ninguna oportunidad. No solo las nuevas plantas que aparecerán diseminadas por el territorio, esparcidas como semillas  en el estómago de los numerosos comensales que gustan de ellas  y las  desplazan a distancia de la planta madre, sino que la misma planta en si, aprovecha para multiplicarse a nada que cualquiera de sus cañas toque el suelo, sobre todo si lo toca el extremo tierno  en el que finaliza cada sarmiento espinoso, donde no tardan en aparecer  numerosas raicillas desde las cuales la planta comienza a alimentarse y a ampliar su área de expansión.

En esta época las plantas están colonizando nuevo territorio, y  es ahora cuando me ha dado a mi por intentar impedirlo,  por poco a poco ir limpiando las orillas de la valla. No porque piense que no van a volver a salir, que lo harán, sino porque hay tiempo y  con la tierra humedecida la tarea está resultando  más sencilla, primero cortar y después extraer del suelo todo los trozos que puedan servir para mantener la planta en crecimiento, dejándola luego secar y si es posible prendiéndole fuego posteriormente.

Afilados y peligrosos

Afilados y peligrosos

Es una lucha imposible pues ellas tienen más perseverancia que yo, pero mi objetivo solo es limitarlas en el tiempo  y frenarlas en el espacio, ellas seguirán aquí cuando yo me vaya. ©

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